Troens År – februar (spansk)

“Creo en Jesucristo... que padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos”

Queridos hermanos y hermanas:

¿Qué confieso yo cuando digo “Y  por nuestra causa Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos”? En primer lugar confieso que Jesús realmente es hombre. Pero ya que descendió a los infiernos y, por último, que resucitó de entre los muertos, confieso que este Jesús es, al mismo tiempo, el Hijo de Dios. El Viernes Santo, después de la crucifixión, dice incluso  el oficial romano, un pagano: “Este hombre era realmente el Hijo de Dios”. (Mc 15:39). Este fue también el testimonio personal de San Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.”(Mt 16:16) ¡Esta es  nuestra fe, la fe de la Iglesia!                    

 Cuando el Papa Benedicto XVI celebró el inicio del Año de la Fe y los 50 años del Concilio Vaticano II, dijo: Este aniversario es una ocasión importante para volvernos a Dios, profundizar la fe y vivir con mayor valentía, fortalecer la afinidad con la Iglesia, “soberana de la humanidad” que nos conduce al encuentro con Cristo y nos ayuda a reconocerlo como verdadero Dios y verdadero hombre. No se trata de un encuentro con una idea o con un proyecto de vida, sino con una persona viva que nos transforma profundamente y nos permite descubrir nuestra verdadera identidad como hijos de Dios”.

¿Qué es lo que queremos decir exactamente cuando confesamos: “Y  por nuestra causa Jesucristo padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos”? Se trata del misterio pascual de Jesús. ¿No es de interés para nosotros durante este Año de la Fe, que escuchemos nuevamente lo que El Compendio del Catecismo de Iglesia Católica  nos dice sobre esto? Nos recuerda que el misterio pascual de Jesús, que abarca su padecimiento y muerte, su resurrección y gloria, es el corazón de la fe cristiana. El designio salvador de Dios se ha cumplido “de una vez por todas” por la muerte redentora de Su Hijo Jesucristo.(571-574).

También como respuesta de la importante pregunta de quién tiene la culpa de la muerte de Jesús, el Catecismo responde que no podemos culpar ni a los judíos de entonces sin distinción, ni a los que nacieron después en otros países y tiempos. Cada pecador, quiere decir  cada persona, es la causa de los padecimientos de Cristo. (595- 598).

La disposición libre de entrega de Jesús se ve claramente en la Ultima Cena. “Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre.” (Luc 22:19) Lo que yo admiro especialmente en  el sufrimiento de Jesús es la pregunta existencial que Jesús dirige a su Padre del cielo: ¿“Porqué me has abandonado? (Mc 15:34). Aquí está Jesús en medio de la experiencia humana del abandono: muchas personas viven la misma experiencia en su vida y en su fe, de la misma manera que Jesús. ¿Por qué me sucede esto?. Pero benditos los que siguiendo el ejemplo de Jesús inmediatamente pueden decir: “Hágase  tu voluntad y no la mía” (Luc.22:42).

Finalmente, una respuesta a la pregunta: ¿qué son los infiernos a los que Cristo bajó? El Compendio explica que “bajó a los infiernos o morada de los muertos” -no hay que confundirlo con el infierno de los perdidos- era el lugar donde estaban los que había muerto antes de la venida de Cristo, sean buenos o malos. Jesús se entregó con su alma, que estaba unida a su persona divina, a la morada de los muertos, a los buenos  que esperaban a su Salvador para entrar finalmente en la presencia de Dios. Después, Él, que con su muerte había vencido a la muerte y al demonio, “señor de la muerte” (Heb 2,14), liberó a los justos que esperaban a su salvador y les abrió las puertas del reino de los cielos (632- 637).

Queridos hermanos y hermanas, yo siempre admiro como las iglesias de oriente en este “bajó a los infiernos”, descubren lo central de este acontecimiento Pascual. La muerte de Jesús produce la muerte de la “muerte”. La Resurrección, la vida, tiene la última palabra. Las puertas de la Vida Eterna están abiertas para las personas. ¡Qué Gracia! ¡Qué Esperanza! ¡Qué alegría!. Por esto Pablo puede hablar de la Pascua lleno de convicción:”donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rom 5:20).

Desde mediados de febrero 2013 en este año de la Fe nos encontramos en tiempo de cuaresma. Este nos guía hacia la Pascua, a la fiesta de la Resurrección de Jesús. Sin resurrección, la muerte de Jesús no tiene ningún sentido. ¡Sí, la resurrección le da su verdadero significado!. El Apóstol Paulo dice claramente: ”Pero si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana”. (1Cor 15:17).

¡Qué tesoro maravilloso poseemos en nuestro Credo! Y este tesoro es más encantador cuando lo contemplamos más profundamente en nuestro diario vivir y lo realizamos en nuestro actuar. Este es mi deseo para vosotros y también para mí.

Amén